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Un cuento porteño

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Un cuento porteño

11101257_865025330258039_3100787650789414141_nJuan es un chico colombiano que desde hace unos meses vive en Buenos Aires. Se mudó acá con su compañera de vida y de aventuras Piaf, una perra negra mestiza que se parece a un labrador. Una madrugada como muchas, Juan y Piaf salen a hacer su cotidiano paseo. Al volver, pasa algo inesperado. En la puerta de casa, quizás mientras Juan busca las llaves o abre la puerta, Piaf divisa un perro conocido del otro lado de la calle. Se suelta de la correa, cruza la calle. Pero un auto la golpea y Piaf, en lugar de alcanzar la vereda de enfrente, se escapa asustada. Era el 18 de Noviembre de 2014. Desde ese día, Juan no paró de buscar, buscar y buscar su compañera canina.

Inmediatamente Juan sube una foto de Piaf en los vatios sitios Internet que ayudan a difundir los datos de mascotas perdidas. No hay respuestas y Piaf no vuelve. Pocos días después, Juan crea una Página de Facebook, ¡Buscamos a PIAF. En pocas horas, 400 personas ponen un ¡like! Y se unen a Juan en su búsqueda. Al final de Diciembre, los “likes” son casi diez mil. Diez mil personas que  comparten online las fotos de Piaf, que envían mensajes de aliento, que dan consejos a Juan sobre dónde buscar. Algunos envían fotos de sus hijos con dibujos o con mensajes de apoyo y esperanza. Juan agradece a todos quienes dedican a su búsqueda un pensamiento, una palabra o una foto virtuales. Pero los porteños no son sólo “virtuales”. Muchos de ellos se comprometen en ayudar a Juan, dedicando a la búsqueda tiempo y recursos, y empatizando plenamente con todos sus estados de ánimo. Se dice que los argentinos son pasionales, y es verdad. Pero también son muy, muy sentimentales.

Así, Marta va a colgar fotos de Piaf por su zona. Algunos se le acercan y preguntan: <<Es Piaf, la perra colombiana de Facebook?>>. Geraldine agarra su auto y hace una ronda, buscando en cada ángulo. Mónica coordina los esfuerzos de los muchos voluntarios que cuelgan fotos y carteles por la ciudad. María Laura habla de Piaf con sus alumnos del primario, distribuyendo fotos para pegar y empezando un juego de pequeños detectives. Cuando alguien da el alerta de un perro que se parece a Piaf, Fernanda acompaña a Juan a averiguar. De Piaf se habla en varios canales de televisión, en los diarios nacionales y en la radio. En la Página ¡Buscamos a PIAF aparecen fotos de otros perros perdidos, y se crea una comunidad de personas unidas, con fortaleza anímica y energía, comprometidas en realizar un sueño que ya es colectivo.

Pasa Diciembre, pasa Enero, pasa Febrero, pasa Marzo. Piaf desapareció hace casi cinco meses, pero los esfuerzos para encontrarla no paran. Juan sigue recibiendo llamadas y alertas, junto con Fernanda va a conocer cada perro señalado, las fotos siguen siendo compartidas en la red, los carteles se multiplican por la ciudad. Se organizan tardes de bicicleateada por el parque, con un megáfono y muchas fotos para distribuir; las personas se encuentran en el subte con los folletos; aparecen otras fotos, otros mensajes, otras personas “no afectas de indiferencia” que dan su aporte, por más grande o chico que sea.

11083641_10152820344594646_2262333651136299329_nEl 6 de Abril de 2015 el jefe de seguridad de una construcción en el Sur de la ciudad ve uno de los carteles pegados por la zona e intenta llamar con el nombre “Piaf” a la perra negra callejera que vive en los alrededores. Y ella responde. El señor llama al número señalado en el cartel, Juan propone encontrarse a la tarde del día siguiente, para poder ir a otra alerta por la mañana. Cuando llega a la obra en construcción, Juan examina a la perrita negra que mueve la cola en un mix de excitación y desconfianza. Es Piaf. El reencuentro, que se concluye con un gran llanto, está documentado en un video, visto por las 30 mil personas que ya están suscriptas en la Página.

Este cuento urbano tiene una moraleja: nunca parar de buscar, nunca perder la esperanza. Pero hay algo más. Este cuento narra uno de los rasgos de los porteños que ellos mismos olvidan seguido. Habla se su energía, de su capacid de empatía y de sus ganas de ayudar a los demás. De los argentinos se suele decir lo peor. Incluso el Papa bromea: “¿Cómo hace un argentino para suicidarse? Se sube a su ego y se tira par abajo”.  Los porteños en particular se autodefinen egoístas, megalómanos, cerrados, racistas. Una señora una vez me dijo: <<en Buenos Aires sólo se ven caras de bulldog>>. Los argentinos del “interior” (come se llama en Buenos Aires a todo el inmenso “resto de la Argentina”) coinciden. Miran los diarios nacionales, que sólo hablan de lo que pasa en la capital, y piensan <<…pobrecitos>>.

En cambio, el cuento de Piaf parece contar una historia diferente. El 6 de Abril eran 24 mil personas que, de alguna forma, ayudaban a un chico colombiano a buscar su perra. De los muchísimos comentarios que se encuentran en la Página de Facebook, la gran mayoría son expresiones de cariño, de apoyo, de esperanza. Me parece ver, en esta historia, la capacidad increíble de los porteños de colaborar para el bien común. De alguna manera, veo en la historia de Piaf una sociedad que se auto organiza para llenar muchos de los vacíos dejados por las instituciones. La tensión social se percibe; no es raro asistir a peleas en la calle, o ver personas enojadas por el tránsito. Pero más seguido se ve prevalecer sobre los conflictos la naturaleza generosa y comunicativa de las personas. A los porteños les gusta ayudarse entre sí. Si saben de alguna oportunidad, la comparten. Si alguien está en dificultad, lo ayudan. Si tienen tiempo y recursos, se dedican a actividades socialmente útiles.

La historia de Juan y Piaf es un cuento de hadas con un final feliz, que – como cada cuento de hadas – tiene algo de increíble. Pero también es una historia de ordinaria humanidad que, acá en Buenos Aires, en lugar de sorprender, calienta el corazón y da lágrimas.

En las palabras de Juan: <<GRACIAS POR HACERME SENTIR EN CASA Y ACOMPAÑADO. Nadie creería el nivel de amor que he recibido>> – Juan.

 

 

 

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Un racconto porteño

11101257_865025330258039_3100787650789414141_nJuan è un ragazzo colombiano che da alcuni mesi vive a Buenos Aires. Si è trasferito qui con la sua compagna di vita e avventure Piaf, una cagnolina nera meticcia che assomiglia ad un labrador. Un mattino come tanti, all’alba, Juan e Piaf escono per la consueta passeggiata. Al rientro, però, succede qualcosa di inaspettato. Sulla porta di casa, forse mentre Juan cerca le chiavi o apre la porta, Piaf scorge dall’altra parte della strada un cane conosciuto. Si libera dal collare, attraversa la strada. Ma un’auto la colpisce e Piaf, invece di raggiungere il marciapiedi opposto, scappa via spaventata. Era il 18 Novembre 2014. Da quel giorno, Juan non ha fatto altro che cercare, cercare e cercare la sua compagna canina.

Una foto di Piaf viene subito caricata sui i vari siti internet che aiutano a diffondere i dati di animali domestici scomparsi. Non ci sono segnalazioni e Piaf non torna. Pochi giorni più tardi, Juan crea una Pagina Facebook, ¡Buscamos a PIAF. In poche ore, 400 persone mettono un “like” e si uniscono a Juan nella ricerca. A fine Dicembre, i “likes” sono quasi diecimila. Diecimila persone che condividono le foto di Piaf online, che mandano messaggi di incoraggiamento, che danno consigli a Juan su dove cercare. Alcuni inviano foto dei propri bimbi con un disegno o con un messaggio di appoggio e speranza. Juan ringrazia chiunque dedichi un pensiero, una parola o una foto virtuali alla sua ricerca. Ma i porteñi non sono solo “virtuali”. Molti di loro si danno da fare per aiutare Juan, dedicando alla ricerca tempo e risorse, e condividendo appieno tutti i suoi stati d’animo. Si dice che gli argentini siano passionali ed è vero. Ma sono anche molto, molto sentimentali.

E così, Marta va ad appendere foto di Piaf nella sua zona. Alcune persone le si avvicinano chiedendo: <<E Piaf, la cagnolina colombiana di Facebook?>>. Geraldine prende la macchina e fa un giro di pattuglia, cercando in ogni angolo. Monica coordina gli sforzi dei tanti volontari che appendono foto e cartelli per la città. Maria Laura parla di Piaf ai suoi alunni delle elementari, distribuendo foto da affiggere e iniziando un gioco di piccoli detective. Quando qualcuno segnala un cane che assomiglia a Piaf, Fernanda accompagna Juan a verificare. Di Piaf si parla su vari canali televisivi, sui giornali nazionali e alla radio. Sulla Pagina ¡Buscamos a PIAF appaiono foto di altri cani persi, e si crea una comunità di persone unite, con forza d’animo ed energia, impegnate a realizzare un sogno che ormai è collettivo.

Passa Dicembre, passa Gennaio, passa Febbraio, passa Marzo. Piaf è sparita da quasi cinque mesi, ma i tentativi di ritrovarla non si fermano. Juan continua a ricevere telefonate e segnalazioni, insieme a Fernanda va a conoscere ogni cane segnalato, le foto continuano ad essere condivise sulla rete, i cartelli si moltiplicano per la città. Si organizzano pomeriggi in bicicletta al parco, con un megafono e tante foto da distribuire; ci si incontra nella metro con i volantini; appaiono altre foto, altri messaggi, altre persone “non affette da indifferenza” che danno ciascuna il proprio piccolo o grande apporto.

11083641_10152820344594646_2262333651136299329_nIl 6 Aprile del 2015 il responsabile della sicurezza di un cantiere nel sud della città vede uno dei cartelli affissi nella zona e prova a chiamare “Piaf” la cagnolina nera randagia che si aggira nei paraggi. E lei risponde. Il signore chiama il numero segnato sul cartello, Juan propone di incontrarsi nel pomeriggio del giorno successivo, perché al mattino era in allerta per un’altra segnalazione. Arrivato al cantiere, Juan esamina la cagnolina nera che gli scodinzola con un misto di eccitazione e diffidenza. È Piaf. Il ritrovamento, che si conclude con un grande pianto, è documentato in un video, visto dalle ormai 30 mila persone iscritte alla Pagina.

Questa favola urbana ha una morale: mai smettere di cercare, mai perdere le speranze. Ma c’è qualcosa di più. Questa favola racconta dei tratti dei porteñi che spesso loro stessi dimenticano. Racconta della loro energia, della loro capacità di empatia e della loro voglia di adoperarsi per aiutare gli altri. Degli argentini spesso si dice il peggio. Anche il Papa ci scherza: <<Come fa un argentino per suicidarsi? Si arrampica sul suo ego e si butta giù>>.  I porteñi, in particolare, si autodefiniscono egoisti, megalomani, chiusi, razzisti. Un signora una volta mi ha detto: <<a Buenos Aires si vede solo dei denti digrignati>>. Gli argentini del “interior” (come si definisce a Buenos Aires tutto l’immenso “resto dell’Argentina”) sono d’accordo. Guardano i telegiornali nazionali, che parlano solo di cosa succede nella capitale, e pensano <<…poveracci>>.

Invece, la favola di Piaf sembra raccontare una storia diversa. Il 6 di Aprile erano 24 mila le persone che, in qualche modo, aiutavano un ragazzo colombiano a cercare il suo cane. Dei moltissimi commenti che si ritrovano sulla Pagina di Facebook, la stragrande maggioranza sono manifestazioni di affetto, di appoggio, di speranza. A me sembra di vedere, in questa storia, quella capacità incredibile che hanno i porteni di collaborare per il bene comune. In qualche modo, ci vedo una società si auto-organizza per supplire a molti dei vuoti lasciati dalle istituzioni. La tensione sociale si sente; non è raro vedere persone litigare per strada, arrabbiarsi nel traffico. Ma più spesso si vede prevalere sui conflitti la natura generosa e comunicativa delle persone. Ai porteñi piace aiutarsi a vicenda. Se sanno di un’opportunità, la condividono. Se qualcuno è in difficoltà, lo aiutano. Se hanno tempo e risorse, si dedicano ad attività socialmente utili. 

La storia di Juan e Piaf è una favola a lieto fine, che – come ogni favola – ha dell’incredibile. Ma è anche una storia di ordinaria umanità che, qui a Buenos Aires, invece di sorprendere, scalda il cuore e fa venire le lacrime agli occhi.

Con le parole di Juan? <<GRAZIE PER AVERMI FATTO SENTIRE A CASA E CIRCONDATO D’AFFETTO. Nessuno crederebbe il livello di amore che ho ricevuto>>.

 

 

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About Isabella Cannatà

COLLABORATRICE | 27 anni, laureata in Giurisprudenza presso l'Università degli Studi di Torino. Appassionata di Diritto Internazionale ed esperta in traslochi. Ha vissuto per qualche anno a Buenos Aires.

Un pensiero su “Un cuento porteño

  1. Entre tanto egoismo y maldad, saber que aun hay tanta gente buena, reconforta el alma, que la bondad, prime sobre la soberbia y la indeferencia!

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